Los SENDERISTAS quieren agradecer al Ayuntamiento de Albox el esfuerzo realizado para llevar a cabo una magnífica obra; se trata de la adecuación y balización del Sendero que recorre la falda sur del Morrón de la Cruz, ¡tantas veces reivindicadas, ambas actuaciones!, el viejo camino que unía Bancalejo con el Arroyo Olías, o de obligado recorrido para los vecinos de La Solana de Caparrós hasta su Santuario de Nuestra Sra. del Saliente.
Gracias a Martín, ese hombre escondido en el diseño, creemos que esta vez haz bordado el sueño de muchos senderistas, agradecimiento que se debe trasladar a las personas que han confiado en tí.
La pequeña aportación del Club de Senderistas de Albox es la Crónica que se hizo en una de las tantas veces que se recorrió, a lo largo de más de diez años
fUENTE: CLUB Senderistas de Albox.
Crónica Senderista
Ruta: “El Mirador de la Cruz” 2008
Después de tantos años unidos a esta actividad de Senderismo, siento que nuestra alma se ha hecho al camino, y viceversa, parece que el camino reconoce los pasos de los viajeros que lo han recorrido ya tantas veces. Pero siempre te sorprende, pues los colores, los olores, las vistas cambian, un paseo en primavera difiere de uno en pleno invierno, y los compañeros se convierten en amigos, pasando el testigo a otros que ya han cumplido la edad reglamentaria de los ocho años para hacer solos el camino y quieren unirse a nosotros.

Este año nos hemos querido acercar a nuestro emblemático Santuario del Saliente para coronar la cima más alta de la geografía albojense, por ver si había nieve, por superar retos personales, por tradición. Sin embargo, había un objetivo muy claro en el día de hoy, a pesar de amenazar lluvia cuando nos despertamos bien temprano con la emoción del reencuentro y la ilusión del primer día, como cada nueva aventura que emprendemos, desconocedores de lo que va a acontecer.
Pero no me quiero perder todavía en la magia del camino, no sin antes explicaros el deseo de estos senderistas de dejar su huella en viejos caminos olvidados que guardan una impronta especial acerca de nuestro pasado. Esto es, conseguir que se balicen todos los senderos, recorridos otrora por lugareños que se acercaban a la Ermita en días de fiesta, en domingos de plegaria, en celebraciones familiares (bautizos, comuniones). Queremos que otros muchos senderistas sepan guiarse por estos andurriales y disfrutar del paisaje que los rodea, conocer su orografía, aprender el nombre de las cosas, contribuyendo a esta noble empresa que comenzó como si nada y se ha convertido en parte de nuestras vidas.
Entre los riscos crecen el romero y el enebro, confundiéndose. Aquí y allá aparecen albaidas y retamas, e infinidad de esparto con el que nuestros antepasados hacían sogas para el trabajo diario, agüeras para las bestias, esparteñas para caminar, canastos para transportar comida, etc. Aromas que nos traen remembranzas de otras excursiones que hicimos en su día. Se divisa un paisaje espectacular desde las alturas, caminando en fila de uno por lo angosto del sendero.

Cuando alcanzamos el Mirador de la Cruz contemplamos unos parajes que ya comienzan a ser familiares: la Solana de Caparrós, el Morrón de la Cruz, el Morrón de la Chaparra, Monte Roel, el Madroño, la Atalaya.
Si preguntáramos a los antiguos senderistas que recorrieron estas sendas en otros tiempos, las sensaciones que les produce encontrarse alguna vez con viejos caminos ya olvidados pero que ellos rescataron y llenaron de risas, de juegos, de complicidad. Es como cruzarse con un viejo amigo que hace tiempo no veíamos pero del que guardamos buenos recuerdos y con quien compartimos miles de aventuras y desventuras en este transitar que es la vida, en definitiva.
Por si esto era poco, las rutas se han ido aderezando en los últimos tiempos con suculentos desayunos a mitad de camino, que reconfortan hasta al más rezagado, rescatando esa otra parte, la de la gastronomía de antaño, que también se está perdiendo. Roscos fritos, buñuelos con chocolate, esparteñas, tortas de chicharrones, pan con aceite, sabores que son irrepetibles y que dejan en la memoria de nuestros senderistas un dulce recuerdo que difícilmente olvidarán. ¡ Y no los busquéis en cualquier pastelería que no se fabrican así sin más !
Entre las sorpresas de hoy nos aguarda la Cuesta de la Virgen, que da nombre a la ruta por lo que tiene de famosa y temida en la peregrinación de cada 7 de Septiembre, y que a la luz del día, aunque esté nublado, se nos antoja interminable e infranqueable para nuestras pequeñas fuerzas. Pero nadie quiere quedarse atrás y tener que admitir que ha llegado el último. El primer tramo parece gesta digna de héroes; los siguientes recodos de este sinuoso camino hacen resoplar el ánimo que parece recuperarse tras el susto anterior; y la recta final, que debiera paliar este sudoroso esfuerzo, parece obra del malvado.

Coronada esta empresa y mirando en derredor, pensamos que ha merecido la pena, como siempre. Algo que se nos muestra tarea imposible, comprobamos que hemos sido capaces de superarla una vez más, y decimos: “Si esta parte es la más dura, todo lo demás es pan comido”. Eso es porque estas proezas nos hacen olvidar por momentos las que nos esperan (¿o no nos acordamos de la cuesta hacia Los Camarotes? Bueno, no adelantemos acontecimientos que si no le restamos emoción al asunto).
Ya os digo, toda esta amalgama de sensaciones es una experiencia única que seduce al viajero y lo envuelve en un sinfín de pequeños placeres que acompañan nuestra vida y que le dan otro sentido, que nos hacen crecer por dentro y por fuera y que reconfortan nuestro espíritu. En este caso, ese espíritu de senderista es el que nos conducirá a descubrir la próxima ruta que se abre a Los Molinos, La Noria y el Cerro Bolea, unos paisajes agrestes, al igual que los Camarotes, el Camino Viejo de Cantoria, la Capellanía, los Ulloas o el Arroyo Medina, por citar sólo unos cuantos, que ya conquistaron nuestros corazones hace tiempo y a los que volvemos siempre que podemos. Unos atraídos por la novedad, otros por las historias que han escuchado de pequeños, para la mayoría por la necesidad de completar este viaje que se adentra en la naturaleza y quiere mostrarnos sus secretos.
Seguiremos “abriendo caminos” para que queden ahí y no se pierda nuestra huella en el tiempo. ¡ Ánimo senderistas, ya sabéis que al final del camino está la recompensa !
Texto: Mª Dolores Alfonso, Fotos: Ecoalmanzora