LA FONDA DEL ROSAO DE ALBOX
LA FONDA DEL ROSAO DE ALBOX
descargatelo en formato pdf aquihttps://www.somosalbojenses.com/pub[....]/ARTICULO_FONDA_ROSAO_16paginas.pdf
Miguel Ángel Alonso Mellado
Casi un siglo de historia guarda la casa los Rosaos de la cuesta de San Leonardo en el popular barrio de La Loma de Albox en donde esta familia, los Jiménez Alfonso del Rosao, regentaron desde 1937 una tienda que era un gran bazar donde había de todo, “hasta un dolor de muelas, te vendían” a la misma vez era taberna donde tomarse un vasillo de vino con “gurrumancia”. El hijo mayor del Rosao, Pedro, le habían crecido los dientes debajo del mostrador, levantó la fonda en 1975 y desde entonces no ha parado de servir a vecinos y a “Forasteros” como le gusta a él nombrarlos, convirtiendo ese local en mítico para todo el mundo y los dueños, sobre todo. Pedro el Rosao y la “Polonia” forman parte de la historia de este pueblo, merecen la medalla a la excelencia en el trabajo, no cerraron ni un día en 40 años, además de ser dos personas con corazones de oro que destilan amabilidad y por eso gozan del cariño de Albox entero y gozaran del recuerdo infinito de todos los que los conocieron en su día a día.
Categorías Hoteleras
Según la R.A.E. las fondas son establecimientos públicos, de categoría inferior a la del hotel, o de tipo más antiguo, donde se da hospedaje y se sirven comidas, situadas en un entorno urbano en la que se asocian otras denominaciones como pensión, hostal, albergue, posada, mesón, hostería, venta o parador.
Fuera de las poblaciones había otros establecimientos como la venta, ventorro y ventorrillo que se refieren a precarios establecimientos o edificios de arquitectura popular de antigua tradición, situados originalmente en caminos o despoblados, y luego en carreteras. A lo largo de su historia, las ventas han ofrecido servicio de comida y hospedaje a los viajeros, y pueden asociarse a otros establecimientos de carácter histórico como los mesones o las posadas.
A mitad del siglo XIX un viajero italiano escribía así sobre estos locales: “Por debajo de la fonda se encuentra primero el parador. Parece que la única diferencia con la posada que le sigue es el hecho que en él paran los coches del correo para comer...También ellos tienen precios fijos, bastante más altos, por la comida se pagan casi siempre 12 reales... A veces se encuentran en ellas establos para 100 o más animales. Aunque cada uno para por sí solo, por un servicio menos bueno, se paga no mucho menos que en las fondas... Ahora bien, las ventas son casi siempre, si no siempre, casas solitarias que se encuentran en la escala de lo soportable, muchas veces por debajo del punto cero, aunque a veces también se elevan hasta el estándar de las mejores posadas.
La etimología de la palabra fonda sería “fonde” del francés antiguo y el momento de aparición del uso de fonda en España para designar algunos tipos de primitivos establecimiento hosteleros, llevan a algunos autores a considerar la implicación de los franceses viajeros en España en el siglo XIX, y relacionar el concepto de fonda como galicismo. Así llegarían a desarrollarse a lo largo de ese siglo en las principales capitales españolas.
Ventas, posadas, fondas, han sido distintas denominaciones para establecimientos de hospedaje que a lo largo de los siglos han proporcionado alojamiento a las personas y, cuando el transporte se realizaba con caballerías, también a las bestias.
El viajero tenía casi obligatoriamente que pasar la noche en el pueblo al que se dirigía, ya que, si iba en caballerías, como antiguamente, los viajes eran muy largos y por la noche no se solía viajar. Más tarde, cuando hubo transporte por autobús, era habitual que de los pueblos solo saliera uno por las mañanas y por lo tanto también se veían obligados a pasar la noche. Más adelante, ya con los coches particulares, estas fondas de los pueblos fueron perdiendo importancia y poco a poco cerrando.
La fonda era un establecimiento hostelero, donde se ofrecía cama y comida y normalmente también cuadra para guardar los animales con los que llegaban hasta el pueblo. Eran hospedajes más esmerados que los anteriores, aunque de menor categoría que los hoteles. Un hostal es un establecimiento que no está físicamente aislado, es decir, que pertenece a otro edificio (por ejemplo, dos pisos de un edificio que se usan como alojamiento). Que ofrecen los mismos servicios que un hotel excepto la pensión alimenticia (aunque algunos pueden ofrecer desayuno). Un hotel es un edificio perfectamente aislado y separado. Es decir, un establecimiento único para uso exclusivo de alojamiento, que ofrece entre otros servicios la pensión alimenticia. Generalmente el desayuno y otra comida más, aunque también pensión completa (desayuno, comida y cena).
Una fonda es un tipo de alojamiento similar a la pensión, no hay diferencia entre ellas, lo que ocurre es que, en España, la ordenación turística es competencia de las Comunidades Autónomas y el establecimiento "fonda" se da sólo en algunas. Por ejemplo en Extremadura no está reconocido ese tipo de alojamiento y se le da el nombre de pensión. La pensión que sí está reconocida en casi todas las legislaciones autonómicas, es un tipo de alojamiento que no reúne los requisitos para ser considerado ni siquiera hostal. Por ejemplo que tiene menos habitaciones o sólo lavabo, o que comparten cuarto de baño con más habitaciones.
Historia
En la Calle San Leonardo Rosa Galera y Francisco de Pepa (Francisco Fernández Sánchez) que era hermano de los Leopoldos del vino de la Calle del Pósito, montaron una tienda de comestibles en La Loma, junto a la Plaza de San Francisco. Era una especie de bodega en la que se vendía vino a granel en “pipas”, que eran básicamente barricas o toneles que venían de la Mancha. La medida habitual era la del medio jarro de vino, que equivalía a medio litro. La hija de este matrimonio era la Rosilla que se casó con Francisco Solves de Fines que explotaba la cantera del Pino de Los Marcelinos.
Cuando se casó Rosa con Francisco de Pepa le tocó a ella la casa en la que había instalada una posada y una tienda, era una vivienda a continuación del Rumeo el ferretero. La posada estaba en un edificio construido a finales del siglo XVIII en el que tenía cuadras que se alquilaban durante las ferias de ganao como sucedía con muchas casas que aprovechaban esa demanda y los marchantes metían en las cuadras al ganao, ganándose algunos cuartos los vecinos mientras duraba la feria.
Luis Jiménez Berbel “el Rosao” había nacido en 1914 y su esposa Remedios Alfonso Teruel un año después, las dos familias se habían dedicado a la quincalla vendiendo por varias provincias. Los padres de Remedios murieron cuando ella era joven, de echo había nacido en Pontones, un pueblo jienense de la Sierra del Segura. El Rosao y su mujer vivían en una casa de la Calle Rulador (donde vive ahora la hija de Lázaro del Hogar) y tenían amistad con Rosa de Francisco de Pepa y en bastantes ocasiones durante el año 1936 le decía ésta a Remedios del Rosao “quédate con la casa de la cuesta, esa casa tiene mucho prestigio y no te faltará nunca de comer”. Se trataba de una vivienda en San Leonardo nº6 que llegaron a comprársela en 1937 por 7.500 pesetas, por esos días, el 4 de octubre nacía el mayor de los hijos, Pedro. Como detrás de la vivienda había unas paletas decidieron comprarlo también por 750 pesetas para que la casa tuviera amplitud por la parte trasera por si alguna vez hacía falta, de hecho, le dio mucha vida al negocio en los años venideros.Esta familia tuvo cuatro hijos, Pedro que era el mayor y había nacido en la casa de Calle Rulador, Clemente que vive en Alcantarilla, Domingo que reside en Águilas y el menor que es Luis el de los Repuestos.
Por cierto, habréis leído que el Patriarca se llamaba Luis Jiménez Berbel y por ningún sitio aparece el apellido “Rosado” que esperábamos, menudo chasco, el motivo del apodo del Rosao era que Luis tenía una mancha rosada en la cara, a lo Gorvachov, y de ahí le viene el apodo familiar y que daría nombre a la fonda familiar.
El padre del Rosao, Pedro Antonio y su tío Domingo Jiménez después de dejar la quincalla se dedicaban a ir comprando pollos, gallinas, conejos a la gente del campo por lo que iban al Arroyo Aceituno de Arboleas a por ellos y los revendían en Albox en los mercaos o a particulares. La madre del Rosao puso en la vivienda de la “cuesta” una pequeña tienda de ultramarinos que se llamaban antes, eran como un bazar turco en los podías encontrar de todo, desde comestibles a el “avío” de la matanza, tripas, especies o calcetines, gemelos, corbatas, etc.
La gente llegaba a la tienda y Remedios les ponía un vasillo de vino con “gurrumancia”, que eran las avellanas peladas y garbanzos torraos para que los clientes pudieran hacer los “ejercicios”, no los espirituales, los otros, juntarse con los amigos a echar un vaso y charlar de lo cotidiano, en la zona de Tíjola se denomina la “media hora”. En ferias y mercaos cuando se hacía trato y se daban la mano para certificarlo de manera pseudo legal, después el comprador estaba obligado a pagarse una “convidá” por el trato hecho, que aquí tenía el nombre de “alboroque”, vocablo ya en desuso y olvidado en Albox.
El hijo del Rosao, Pedro, era un chiquillo muy inquieto y en ese ambiente se fue criando, detrás de un mostrador echó los dientes y ayudó siempre en el negocio a los padres. Pedro se casó con Apolonia López Linares que era hija de Ramón el de la yesera del Arroyo Albanchez.