El Castillo de Albox.

Fotocomposición de como sería el Castillo de Albox.
"Cada vez que dirijo mi mirada hacia el cerro del Castillo (o cerro Castillo) tengo una fugaz ilusión óptica que me permite ver allí arriba las murallas de lo que fue una inexpugnable fortaleza hasta hace cinco siglos.
El castillo del “Box” -como se le conocía entonces- era de origen musulmán, pero había sido construido sobre un asentamiento prehistórico. Han aparecido objetos, sobre todo cerámicos, pertenecientes a la cultura argárica, objetos fenicios y de otras civilizaciones.
En lo que es hoy el Pueblo había una huerta regada por la rambla y por las fuentes próximas que permitió la existencia de pobladores en el lugar desde tiempos realmente remotos, siendo una absoluta incógnita el origen de Albox.
La fortificación fue asaltada en diversas ocasiones, como en 1330, concretamente el 29 de agosto, cuando tropas castellanas y aragonesas, que se habían unido en la lucha contra los moros, formando un ejército de 2.700 hombres arrasaron con todo lo que encontraron a su paso, en pleno proceso de Reconquista, aunque no se hicieron con él. Un siglo después, el 17 de agosto de 1436, el castillo ya no presentaba tal defensa y don Alonso Yáñez Fajardo pudo tomarlo. Albox fue recuperado por los musulmanes en 1445, para volver a manos cristianas definitivamente en 1488. Pero el mayor enemigo del castillo fue la fuerza de la naturaleza: el devastador terremoto de 1518 pudo con los muros del castillo, cayendo éstos ladera abajo. Hoy a duras penas subsiste en pie un pequeño paño a modo testimonial que nos permite hacernos una idea de lo que allí hubo. La población fue aprovechando aquellas piedras para reconstruir sus casas.
El deterioro del aljibe lo hemos estado contemplando con impotencia durante décadas, así como la incomprensible acumulación de escombros en el entorno.
El castillo tuvo diversas dependencias, como se ha podido ver en excavaciones realizadas, que le permitieron albergar un número importante de inquilinos en una época muy insegura.
Tras la reconquista del Reino de Granada, no hubo conflicto bélico que justificara la reconstrucción del castillo. En la Edad Contemporánea no ha habido iniciativa alguna en este sentido, como tampoco la ha habido en otros casos, como el del castillo de Purchena, porque el siglo XX ha sido aquí un tiempo de penurias económicas, de otras preocupaciones. En el caso del castillo de Vélez Blanco, el pasado es más indignante: a principios del siglo XX fue desposeído de toda su decoración de ricos mármoles de su patio y sus preciosos artículos de decoración para ser malvendidos a un traficante de arte, acabando todo ello al otro lado del Atlántico, en el Museo Metropolitano de Nueva York.
Pero las cosas están cambiando y ya hay proyectos de reconstrucción de ruinas similares a las nuestras, apoyadas por fondos de la Administración que ahora sí los hay para estos fines y por fin se fomenta el turismo en el Valle del Almanzora. A mí me gustaría encender la llama de partida de una iniciativa que culmine algún día con la reconstrucción de aquel formidable castillo que tuvo Albox, que no sabremos nunca como fue con rigor porque no aparece en ningún grabado, pero contando con el asesoramiento de historiadores se puede obtener un buen resultado.
Sin duda ninguna, el castillo se convertiría inmediatamente en una típica postal de Albox. Un enorme monumento que, iluminado por la noche, nos embaucaría desde la meseta que corona el montículo. Enalteceríamos nuestro pasado.
La contemplación sería magnífica desde la avenida Pío XII, desde el puente, desde la calle Salitre o desde el mirador de la Santa Cruz. Desde la cuesta de la avenida de América, el sol se pondría entre almenares.
No deberían ser obstáculos la propiedad privada del terreno ni los actuales aprovechamientos que, por la altura privilegiada del enclave, se han venido obteniendo, como son la presencia del depósito de agua y los repetidores de televisión, radiodifusión y telefonía móvil.
En otros lugares la reconstrucción ha sido llevada a cabo con capital privado, convirtiendo el castillo en establecimiento hotelero, pero ésta debería ser la última de las opciones.
Y con un esfuerzo mucho menor se podría restaurar igualmente la torre de la Aljambra, también de origen árabe. El escaso patrimonio que tenemos se desmorona poco a poco. La torre vigía de la Aljambra, como la de Tardiguera o de la Albojaira (en las proximidades de San Roque), pero más antigua aún (muy posiblemente del siglo XIII), a tenor de su base cuadrada, y como otras muchas que se extendían, formando una cadena con visibilidad directa entre cada dos puntos consecutivos, entre Vera y Oria, a lo largo de la línea de retaguardia que habían establecido los moros en el lado más vulnerable de su reducto, el Reino de Granada, y el reino cristiano de Murcia, servían a los moros para dar las señales de alarma cuando las huestes castellanas se aproximaban.
Mientras llega ese día en que la reconstrucción del castillo sea un hecho, podemos seguir soñando con mil historias que se perdieron en el tiempo dentro y fuera de aquellos muros, historias de moros y cristianos, aventuras de caballeros, peones, arcabuceros o lanceros, que derramaron su sangre por su estandarte y su reino. Sólo las piedras, la tierra y unos escasos restos arqueológicos permanecen como testigos de los difíciles tiempos para vivir del final de la Edad Media. "
Diego Cerdan. Libro de la Feria de los Santos 2.006