(Comienza a sonar Aurora de Resurrección)
VIERNES SANTO por la mañana, despertar de tambores y para mi vuelta a la iglesia para ver como van quedando las flores. En el trono de las Angustias las rosas de color champán se van clavando una a una de la mano de la florista y a empujones se van acomodando entre ellas. Una llantera de gladiolos se desespera y gimotea porque no pueden ver lo que les antecede.
Al mismo tiempo la Loma se alborota y remueve. Las madres se afanan parar preparar a los niños. Desayunos con prisas. Ya están aquí las bandas.
El águila de San Juan revolotea por las azoteas, cargando el ansia lomera con cada planeo de sus alas, motivando a sus gentes engalanadas por tan gran motivo. Gentes de diferentes maneras y condiciones que acaban enrasados por la majestuosidad de sus tronos. ¡A que van a estar todos! Pues si. Nadie ha quedado con nadie, ni hay viajes ni vacaciones. Año tras año todo el mundo acude a su cita con la cofradía, en definitiva su cita con la fe cristiana que les viene acompañando durante todo el año. Cita en la que quieren manifestar públicamente nosotros también “SOMOS” y aquí lo queremos decir, en la calle, en nuestras casas, y en nuestro día a día.
Veo a lo lejos girar por la calle Salitre a Cristo crucificado que viene con Juan y Maria. La calle Ancha se hace un largo pasillo para poder ver como Jesús entrega a su madre un nuevo Hijo: “Mujer he aquí a tu hijo”, y al mas querido le dijo“: He aquí a tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. Jesús, como última voluntad nos invita a vivir en comunidad, sin divisiones ni rencores. Ensartado por las muñecas y los pies llenos de dedos nudosos, vence la cabeza para morir como cristo redentor.
Ya te lo dijo Simeón Madre: “Este niño será causa de caída y elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón”.
Un atisbo de consuelo al llegar a la puerta del bar de Mateo al ver que la Loma y también el Pueblo quieren estar con ellos en ese momento tan crucial para todos nosotros.
(Comienza a sonar Sangre en tus clavos)
PASO BLANCO
Llegada la hora nona, las tres de la tarde, como de costumbre, se agrisan las calles, y el viento recorre las avenidas del pueblo sin dirección alguna, anunciando con sigilo que Jesús a muerto y un helor recorre mi cuerpo al sentir la fúnebre estampa del santísimo expuesto, en unos oficios donde la luz es banal, donde la tiniebla se apodera del templo, donde el silencio habla por si solo.
Yo creo que Julián Ruiz, sabía que las andas que construyó hace 66 años en la calle Ancha , iban a portar el grupo escultórico de la oración en el huerto porque parecen así creadas para la ocasión. Detalles salzillescos para un ángel de indiferente sexo y un cristo angustiado y melancólico recibiendo el cáliz de la sangre, escoltado y desvalido por los tres elegidos, que a duermevela lo acompañan. Amargura que traspasa la corteza de los olivos centenarios de Getsemaní que impregnan de aceite tan amargo trago. Perla de la Semana Santa Albojense que portaste en tu peana a Mª Magdalena, a la Virgen de las Angustias la Oración en el Huerto, Ntra. Sra. de la Redención e incluso a la Virgen del Saliente.
La que confía en Dios, la que significa expectación del parto, se pasea por la plaza derramando esperanza, y Albox, como si fuese el pueblo de Israel esperando la llegada del Salvador que les librara de todos sus pecados. Las mujeres y las niñas clavan sus ojos en ella y se mecen en el vaivén dorado de una secreta esperanza para que les asista, les proteja, y para que sepan cumplir cabalmente con su misión maternal.
SILENCIO en toda la plaza, la Iglesia de Santa Maria está de parto, tratando de dar a luz por su cancela la decimotercera estación del vía crucis. Ella y yo frente a frente y sesenta anderos que revolotean empujándola hacia fuera. El “todos por igual”, y “al cielo con ella” precede al jaleo que la muchedumbre le brinda cuando se posa en el hombro del andero extenuado por el esfuerzo y contento de participar de esta locura, aunque nadie le mire, por que sabe que todas las miradas van hacia ellos dos.
Al inicio del paso, explosionan los sentidos, y la gente mira por encima de la luz cegadora de tu trono para ver como te elevan los cuatro angelillos de la peana. Al mismo tiempo que escucho la Aurora de Resurrección que toca la banda se oye el suave bombardeo de los llantos de escalofrío de la gente. El olor de las bolas grandes de azúcar y el incienso que mueven los chiquillos, embriaga la plaza llenando todos los rincones, mezclándose en medio de ese gesto o de ese abrazo que le das al compañero mientras sientes que bebes un sorbo del pozo amargo de quien muere por condena.
Pisando sangre y arena, lloras lágrimas punzantes, en medio de tu rezo de mansa calma, mientras tu sudario se mueve con los suspiros de los que te imploran.
Jesús, el gris de tu piel se vuelve rosáceo al ver que Canalejas y Los Luceros se vuelcan sobre ti, limpiando tus sienes rojas cual flor del granado abierta. Ladrillo viejo y cal que da cobijo a los que te hicieron ver la luz.
Parto de esperanza, sueño de vida somnoliento, un año mas, perdón por el atrevimiento del que porta tu semblanza.
El último tintineo de la campana, se pierde en el hombro del andero, dejando paso a la flor de lirio morada, portando su madero.
Noche de viernes Santo
Negra noche de los tiempos
Alegre Aurora sobrevenida
Oración el la luna llena.
Azotes en la columna pétrea
Dolor y sangre en las calles
Angustia de madre aterrada
Tercera caída en tierra.
La muerte se pasea entre los hombres
Sobre la niebla del incienso
Y el morado de las flores.
Con el alma encendida en mil carbones
Maria es traspasada de dolores
Se han cumplido uno a uno sus temores.
El objetivo esta cumplido, el mensaje está enviado. El hijo ha muerto en la cruz para redimirnos de todos nuestros pecados.