LOS PAPELES DE IRIS
Juan José Ceba
HERMANOS DEL MISMO ÁRBOL
El invento de laburla y susto del dinero parece pensado, con siniestra mente, para bloquear conun muro de hielo la deriva de las migraciones. Quédense los hambrientos en latierra de su agonía, a ser devorados por enfermedades y carencias. Y aquí, enlas regiones de mayor abundancia y de injusto reparto, comiencen los poderes aseñalar como chivos expiatorios de la catástrofe provocada por ellos –bancosque sangran y gobiernos que destruyen- a los más débiles y abandonados, comoprimeros responsables del drama. Los inmigrantes y los pobres han de ser, entodo gran buffet de los buitres, la carne y alma devorada, con el beneplácitode los sostenedores de la infamia, que siempre han estado ahí, en la larga ynauseabunda historia de las persecuciones.
No darles tregua, allí dondemalviven hacinados, en cabañas infectas como pudrideros –sin ennoblecerles laexistencia- apartados, vigilados, asediados y explotados.
Ha llegado el momento aberrante, enque el rechazo prodiga su carga de mentiras, para estigmatizar a los pobres, alos gitanos, o a quienes llegaron de otros países, identificándolos con hechosdelictivos; en un asedio de tragedia, donde surge la negación humana de losotros, de los distintos o diversos, sobre los que cae una tormenta de odio–nacida de la ignorancia más descerebrada.
Para ello, en todos los escenarioscotidianos, se arrojan bombas de contagio verbal, que presentan a losinmigrantes, y a los pobres cercanos, como causantes del círculo de los dramasque angustian a los ciudadanos, con estereotipos y generalizaciones que losconvierte en malvados, sin excepción, y en origen del cúmulo de las desgraciasque unos y otros padecemos. Las llamas destructoras alcanzan a sus víctimas,que han de añadir, a la agonía del hambre, esta otra del rechazo social. Aquellos poderes, causantes de las situacionesde iniquidad, tienen intereses en la existencia de estos terrenos abonados,para llevar a cabo expulsiones masivas y libre vulneración de los derechos.
Cuidado, porque la mala hierba delracismo, está a la vista, en el suelo baldío de la ignorancia, “y el bruto másespeso se carga de razón”. El racismo de estado, que creíamos desterrado parasiempre de Europa, vuelve con su ensañamiento y su limpieza étnica; y lagenuflexión vergonzosa de los gobiernos ante Francia –entre ellos el nuestro-abre y permite un paisaje de seres hostigados, tan contrario a la bellezacomprensiva de una alianza de civilizaciones, de la que se mofa el presidenteimpulsor, en uno de los errores más graves de su gobierno desastrado, y que ledesautoriza moralmente para volver a ser votado como garante de la tolerancia yel diálogo universal de culturas.
El racismo, que culminó en lospaíses europeos con la más terrible y escalofriante de las iniquidades, suponela negación del conocimiento de las criaturas y del reconocimiento de losderechos que como personas les corresponde. Conocimiento y reconocimiento sesustentan en los pasos que la inteligencia y el calor humano han de dar para elencuentro y riqueza compartida con sus semejantes. Sólo desde el respeto y unahonda sensibilidad de la equidad y la justicia puede darse el verdadero descubrimiento y consideración delas gentes.
El racismo viene a ser la forma másatroz de la ignorancia, alzada sobre los zancos de una soberbia -que escupe suasco a los distintos. El negador de los derechos de los otros se parapeta demuros, fronteras, separaciones, alambres con espinos, leyes que privan a losotros de su condición humana, para abismar las distancias entre hermanos de unmismo árbol común. Hacer más insalvable esos abismos entre hermanos constituyela persistencia ignominiosa del racismo de estado. Ahora, con baldón Sarkozy omarchamo europeo, alza de sus cenizas la peor herencia con que el nacismo cubriólos campos de la depravación.
¿Cómo los herederos de aquellatierra castigada olvidaron tan pronto?
Ha de ser posible armonizar el mundoy a los moradores que lo ocupan. Pero el fracaso de los sistemas –que señalan alos pobres e inmigrantes como sus víctimas propiciatorias- nos exige buscarrespiraderos en un nuevo humanismo. En ésta creación merece la pena emplearse afondo.