Un estallido de lágrimas. Así se puso punto y final al calvario de José Antonio G. G., un empresario del mármol de 44 años, que fue declarado no culpable ayer por un jurado popular, tras ser acusado de la muerte por disparos de su escopeta de dos hombres, tío y sobrino, de 59 y 19 años respectivamente, pertenecientes a la familia, de etnia gitana, conocida como 'Los Pertolos', el 18 de marzo de 2009 en Olula del Río.
Antonio G. G., que se enfrentaba a una pena de 24 años de prisión, rompió a llorar tras conocer el veredicto del jurado popular que consideró como probado que el acusado, víctima de amenazas y extorsiones desde hace tiempo por parte de miembros de 'Los Pertolos', actuó en legítima defensa.
El veredicto, hecho público ante el tribunal de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, recoge como probado que el empresario abrió fuego contra Juan Petronilo R.T. y Juan Petronilo R.F., tío y sobrino, en la planta 'Mármoles Ballester' ubicada en Olula del Río después de que se efectuarán hasta tres primeros disparos contra él por parte del primero. Asimismo, el jurado popular estimó como probado, que el acusado efectuó los disparos contra el segundo de los fallecidos al temer por la vida de su hermano, por lo que aplica miedo insuperable.
Por su parte, Antonio G. G., que desde el primer día de su detención ha alegado legitima defensa, afirmó durante el juicio celebrado en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Almería que era víctima de la extorsión de este clan desde hace tiempo y que el día del suceso los dos «pertolos» acudieron a su empresa a reclamarle 60.000 euros. Según explicó en su relato de los hechos, las dos víctimas, Petronilo R.T., de 53 años, y Juan Petronilo R.F., de 19, acudieron a las oficinas de su empresa, 'Mármoles Ballester', armados con pistolas para reclamarle el importe de dinero bajo amenazas de muerte.
La versión del empresario
Durante la vista, el imputado relató como, al menos, uno de los empleados presenció «asustado» la violenta discusión que precedió al intercambio de tiros, por lo que, según su versión, tuvo que advertir a uno de los 'pertolos' que él «le tranquilizaría para que no avisase a nadie».
El empresario, casado y con nietos, se reafirmó en que fue el tío -Juan Petronilo R.T., de 52 años- el que «precipitó las cosas» al efectuar «al menos tres disparos» desde el exterior de la fábrica a través de la cristalera de su despacho al tiempo que afirmó que, ya en el suelo, «aún hacía ademán de disparar».
Por ello, Antonio G. G. justificó los dos impactos de bala que recibió el sobrino, de 19 años, en que se fue hacía su hermano, también presente y al que antes momentos antes había inmovilizado por el cuello y con un pincho largo y que algunos testigos describen «oxidado» a la altura de la ingle izquierda, y después de recibir el primer tiro esbozó el gesto «para empuñar un arma». Lo que a continuación ocurrió, según la versión del presunto homicida, fue una sucesión de intentos por «tranquilizar» a ambos 'pertolos'. En su declaración consta que le dijo al mayor de ellos que solucionarán «las cosas hablando. Si hay que buscar dinero se busca, que siempre os hemos tratado con amigos y siempre que habéis venido os hemos atendido», aseguró que le espetó cuando le solicito el dinero para sufragar los gastos de representación legal de otro miembro del clan.
Para dictar veredicto que declara no culpable al empresario Antonio G. G., el jurado popular ha tenido en cuenta los informes periciales, entre ellos el médico forense, que indicaban que el acusado repelió disparos previos y los testimonios que constatan que su hermano fue objeto de agresiones y amenazas anteriores por parte de Juan Petronilo R.F., lo que «justifica» su actuación en legítima defensa.
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