Giuliani: El pintor del final desdichado
Catedrático de Instituto, pintor y retratista, Andrés Giuliani Cosci (1815-1889), nació en Liorna, Italia, y falleció en Almería tras larga residencia. Su atractiva obra artística se reparte por la capital y provincia
Antonio Sevillano / Historiador

Comisariada por José Jaime Capel, el pasado domingo se clausuró en el patio de Luces de la Diputación la magna exposición de pintura organizada por la UAL. El número y calidad de las obras colgadas nos ha permitido admirar una de las más importantes muestras pictóricas del siglo XIX y comienzos del XX almeriense. Del catálogo pulcramente editado con textos del citado Capel, Mª Dolores Durán y Dionisio Godoy, me ha llamado especialmente la atención dos lienzos de gran formato de Andrés Giuliani. No tanto por su factura técnica, que también, sino por la azacaneada biografía y dramático final del paisano de adopción nacido en la Toscana italiana. Tan vecino como que sus restos yacen en el Cementerio Municipal de San José desde el 9 de enero de 1889.
En su momento ya escribí una breve semblanza para la que recurrí al amigo Dionisio Godoy -pintor e hijo y nieto de pintores-, una auténtica Ong cultural; generoso y solícito a la hora de facilitar el dato preciso. Lola Caparrós, entre otros, se lo agradece reiteradamente en su documentado ensayo "La pintura almeriense durante la época de la Restauración". De Godoy, referente habitual en la bibliografía dedicada al óleo y la acuarela andaluza, el Diccionario de Biografías del IEA también se nutre profusamente. Retomamos ahora a aquel relato de Giuliani añadiendo nuevas citas registrales y hemerográficas.
Hijo de Valentín y de María (Registro Civil, Almería), en su país natal tuvo a Giovanni Paroni y Giuseppe Gazarini como primeros maestros antes de emprender el vuelo a Madrid donde se estableció durante un tiempo. El preciso para lograr cierto renombre en la Corte como retratista que le permitiría al veinteañero enlazar una etapa más fructífera y mejor remunerada en Granada, en cuya elitista sociedad se integró prontamente. Socio del Liceo (decoró el teatro Cervantes sito en el propio edificio), de la Sociedad Literaria y Artística y vocal de la Comisión de Monumentos Históricos, entre otros cargos, Andrés Giuliani fue nombrado profesor y director de Academia de Nobles Artes de Granada; ciudad en la que dejó un interesante legado pictórico. Atraídos por su fama, en 1843 fue llamado a la hoy Cuevas del Almanzora por la emergente burguesía enriquecida al amparo de la floreciente minería de Sierra Almagrera. Allí pintó, por ejemplo, los retratos de Atanasio Flores y de Torcuato Soler Bolea (restaurado por María de Haro) y los titulados Juicio de Salomón, Descendimiento y La Civilización (Mención de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1866). En su momento me comentaba el sacerdote Bartolomé Marín que este último y dos más los depositó personalmente en el Santuario del Saliente de Albóx.
Patrimonio municipal
Sin perder la vecindad madrileña se estableció en Almería capital mediado el siglo XIX. Casado con Petra Carrillo -de la que no tuvo descendencia-, vivió en la plaza del Pino y calle del Instituto (General Tamayo). Tras superar un exigente concurso de méritos, "D. Andrés Giuliani, de origen italiano y pintor de retratos" sucedió a Juan de Mata y Prats en la dirección de la Academia de Dibujo dependiente de la Diputación Provincial, ubicada en el Instituto de 2ª Enseñanza (en 1861 la Escuela se integró plenamente en la institución académica; con Giuliani de catedrático de Dibujo). Comenzó, con un sueldo anual de cinco mil reales, en el curso 1855/56.
Los encargos particulares no se hicieron esperar, realizando en 1856 el cuadro al óleo de la adinerada Fernanda Scheidnagel. De sus relaciones con el Ayuntamiento pronto queda constancia en actas plenarias. En marzo de 1859 le adquiere -en cuatro mil reales, incluido el marco- un retrato de la reina Isabel II, "cuyo parecido y elegantes proporciones lo hacen muy apreciable". De la solvencia económica del Municipio de aquella época da fe la reclamación, varios años después, de mil pesetas como mil soles (véase acta 30 agosto 1880), importe de lienzo impagado de la reina María Cristina. Con la Diputación al parecer no tuvo problemas a la hora de cobrar el de la Reina Regente por un importe superior.
Por estas fechas Giuliani es nombrado socio de Honor del Liceo Artístico y diputado de la Academia Española de Arqueología. Y una gacetilla de La Crónica Meridional (1887) da cuenta de que dos años antes de fallecer ya lucía la Real y Distinguida Orden de Isabel la Católica. Así las cosas, siendo alcalde Francisco Jover y Tovar, en la sesión de 9 de abril de 1859 el concejal Alfonso Manuel Cano propuso la adquisición de trece cuadros al óleo -de parejo formato al citado de Isabel II- que adornasen la Sala Consistorial. Para este objeto, proseguía el edil, "parece conveniente que sean de aquellas personas cuyas virtudes vengan sancionadas de modo inequívoco por el transcurso del tiempo, y cuya solicitud e interés por esta ciudad y su territorio se halle también fuera de duda"; argumentando prolijamente los méritos de cada uno de los propuestos en un lenguaje barroco alejado del administrativo al uso.
Sin contar el de Isabel II, finalmente realizó cinco de los reflejados en el Acta: El Zagal, Isabel Iª, Fernando V, Felipe II y Carlos III. Más otros cuatro que según reza la correspondiente placa identificatoria corresponden a Fernando III, Cristóbal Colón, Carlos I y Muley Boabdil "El Chico". Esta valiosa herencia -tardíamente catalogada- luce en distintas dependencias municipales. Y el Museo vacío. Con la faltica que hace en la ciudad uno permanente dotado con obras de este y otros artistas almerienses…
Suicidio
Llegó el día fatal en que decidió despedirse de este mundo. Ahí os quedáis, incluida mi mujer, diría ya anciano y harto de vivir. Era una mañana fría de invierno cuando en la escollera del Muelle encontraron el sombrero y un paraguas propiedad de Giuliani. Su cuerpo apareció al día siguiente (9 de enero de 1889) ante la consternación de sus muchos amigos y conocidos. Antiguo socios del Liceo y ahora del Ateneo y Círculo Mercantil, compañeros de Instituto, cientos de alumnos de sus clases de Dibujo (José Díaz Molina, Antonio Bedmar y Manuel Luque, los más sobresalientes), vecinos del barrio del Hospital... todos lloraron tan trágico final.
Siete lustros después Vicente Villaespesa Calvache, Juez Municipal que certificó su muerte ("Asfixia por Inmersión"), aventuró una tardía hipótesis en un artículo (LCM, junio de 1932) en que se dolía del fallecimiento en Madrid de "nuestro ilustre paisano e insigne pintor, José Díaz Molina" y de la nula atención de la prensa capitalina "porque murió pobre". Ahí ofrece la clave -tan cruda y poco contemporizadora- del finiquito de nuestro hombre: "… Fue el mejor discípulo -Díaz Molina- de Giuliani, pintor tan desgraciado que vivió en un caserón antiguo de la plaza del Pino y que estaba casado con una señora simplona e histérica que le quemó de tal modo la sangre que, no pudiendo soportarla, le obligó a tirarse al mar, ahogándose. Este desgraciado Giuliani, en otro medio ambiente, hubiera dejado muy aureolada fama de gran pintor, porque lo era".